Movimiento Chipko · Acción colectiva en los Himalayas

Abrazar árboles, organizar pueblos

El movimiento Chipko con las gafas de la sociología de los movimientos sociales

En los años setenta, pequeñas aldeas de montaña en la India decidieron interponerse físicamente entre los contratistas madereros y sus bosques. Desde fuera, Chipko parece “solo” un gesto ecológico. Mirado con calma, es un ejemplo casi perfecto de cómo se alinean intereses comunes, redes, capitales e identidades para convertir malestar difuso en acción colectiva sostenida.

1 · Cómo nace un movimiento

De problemas dispersos a campaña colectiva

Chipko y la pregunta de Almeida: ¿cómo demonios arranca todo esto?

Durante décadas, las comunidades de Garhwal vivieron el mismo guion: el Estado y las empresas se quedaban con la madera valiosa, mientras los aldeanos sufrían deslizamientos, pérdida de suelo y largas caminatas para conseguir leña y agua. El malestar era enorme, pero seguía fragmentado: cada familia lidiaba como podía, entre la resignación y pequeños apaños cotidianos.

Con las gafas de Almeida, la clave no es que “hubiera tensión social” a secas, sino cómo se fueron encadenando tres procesos:

1) Formación de intereses comunes. La tala comercial ya no se veía solo como un problema técnico o inevitable, sino como un ataque compartido a la supervivencia de las aldeas. “Nuestros bosques, nuestra vida” sintetiza esa lectura.

2) Uso de infraestructuras organizativas ya existentes. Cooperativas locales, comités inspirados en el gandhismo y redes aldeanas dieron cuerpo a la protesta: reuniones, marchas, turnos de vigilancia, cartas a la administración.

3) Emergencia de una identidad colectiva. De “gente pobre de montaña” a “defensores del bosque” que actúan en nombre de algo mayor que su granja o su familia. Esa identidad se apoya en la experiencia compartida del bosque como base material y moral de la comunidad.

Mujeres del movimiento Chipko abrazando los árboles en un bosque de montaña
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Ilustración o fotografía de mujeres abrazando árboles en un bosque montañoso, con saris de colores y un paisaje de laderas al fondo. Ideal para representar el gesto icónico de Chipko como punto de partida del movimiento.

2 · Piven & Cloward en los Himalayas

Pobreza, hegemonía y ruptura de rutinas

Cuando el bosque se convierte en “última línea roja”

Piven y Cloward explicarían Chipko recordándonos que la mayor parte del tiempo los grupos pobres no se movilizan, aunque sufran mucho. La vida cotidiana en las aldeas de Garhwal estaba atravesada por una cultura de subordinación: aceptar la autoridad del Estado forestal, aguantarse con contratos injustos, pensar que “el bosque es del gobierno” y que no hay nada que hacer.

Lo que cambia en los años setenta es una combinación de crisis ecológica y social: deforestación acelerada, aludes, sequía, pérdida de cosechas y, al mismo tiempo, la sensación de que los beneficios de la madera nunca vuelven a la comunidad. Las viejas explicaciones (“así son las cosas”) empiezan a resquebrajarse.

Ahí se produce una especie de liberación cognitiva: el bosque deja de verse como un recurso externo y pasa a verse como un derecho vulnerado. Lo que antes era fatalismo se transforma en una pregunta incómoda: si somos quienes cuidamos y necesitamos el bosque, ¿por qué no somos quienes deciden sobre su uso?

La fórmula resumida sería: crisis ecológica + ruptura de rutinas de dominación → nueva lectura de la situación → protesta disruptiva. Chipko convierte esa nueva lectura en un repertorio muy concreto: abrazar árboles, bloquear talas, caminar cientos de kilómetros para hacer visible la injusticia.

Paisaje de montaña con laderas deforestadas y laderas arboladas en contraste
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Mapa o foto aérea de una ladera parcialmente deforestada junto a otra aún cubierta de bosque. Sirve para visualizar el tipo de crisis ecológica que hace que el “daño” deje de ser abstracto y se convierta en amenaza compartida.

3 · Intereses comunes

Amenazas que unen y pequeñas oportunidades políticas

De “cada una busca leña” a “todas defendemos el bosque”

Para que un movimiento nazca no basta con que haya dolor; hace falta que la gente identifique intereses comunes. En Chipko, las amenazas eran claras: pérdida de bosques comunitarios, mayor riesgo de inundaciones, más tiempo y esfuerzo para conseguir recursos básicos.

Las mujeres campesinas fueron centrales en esta lectura. Ellas caminaban horas cada día para recoger leña y forraje, y eran quienes más notaban la degradación del entorno. Al compartir historias en las tareas cotidianas, la amenaza se fue reinterpretando como un problema colectivo de la comunidad, no solo como “mala suerte” individual.

A la vez, hubo pequeñas oportunidades políticas: ciertos cambios en la administración forestal, grietas entre funcionarios locales y contratistas, la presencia de activistas gandhianos dispuestos a escuchar y a amplificar las quejas. No eran aperturas enormes, pero bastaron para que algunas aldeas percibieran que “agarrarse al bosque” podía tener efectos reales.

El resultado es un marco muy simple y poderoso: “los bosques son nuestra economía y nuestra protección; si se van los árboles, se va el pueblo”. Esa frase condensa intereses, amenazas y horizonte común de acción.

Grupo de mujeres campesinas caminando con haces de leña sobre la cabeza
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Fotografía o dibujo de mujeres cargando haces de leña o forraje por un sendero de montaña. Representa la vida cotidiana que convierte la degradación del bosque en experiencia compartida y base para intereses comunes.

4 · Organizaciones y capitales

Lo que hace posible la acción colectiva

Capital humano, capital social y capital estratégico en Chipko

Si seguimos a Almeida, Chipko no surge de la nada: descansa sobre tres tipos de capital reutilizable que ya existían en la región.

Capital humano. Activistas con experiencia gandhiana sabían hablar en público, negociar con funcionarios, escribir cartas y comunicados. Dentro de las aldeas, muchas mujeres tenían habilidades organizativas finísimas: coordinar turnos de vigilancia, combinar protesta y trabajo doméstico, usar cantos, rituales y relatos religiosos para mantener la moral alta. Todo eso son competencias que se vuelcan en la lucha por el bosque.

Capital social. Las redes de parentesco, vecindad y trabajo cotidiano creaban un entramado de confianza muy denso. Las cooperativas locales, las asociaciones inspiradas en el gandhismo y los comités aldeanos funcionaban como “estructuras de contacto”: lugares donde se comparte información, se decide quién va a qué acción, se reparten tareas. Esa confianza previa explica por qué algunas aldeas reaccionan juntas mientras otras quedan en silencio.

Capital estratégico. En la región ya había memoria de protestas previas contra políticas forestales y de campañas no violentas en otros ámbitos. Sabían, por experiencia, que las simples peticiones formales se pierden en el laberinto burocrático, mientras que las acciones disruptivas no violentas – como impedir físicamente la tala y atraer atención mediática– obligan al Estado a sentarse a negociar.

Estos tres capitales se reciclan una y otra vez: lo aprendido defendiendo un bosque sirve después para articular demandas sobre escuelas, caminos, agua o incluso para alimentar luchas futuras por la autonomía regional.

Reunión comunitaria en una aldea de montaña, con mujeres y hombres sentados en círculo
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Dibujo o foto de una asamblea al aire libre en una aldea de montaña: gente sentada en círculo, quizás con algún activista hablando. Ideal para simbolizar el cruce de capital humano, social y estratégico en un mismo espacio.

5 · Identidades colectivas

De “pobladores pobres” a “defensores del bosque”

Cuando el nosotros se enraíza en los árboles

Chipko también es una historia de identidad colectiva. La gente de las aldeas deja de verse solo como “pobladores pobres, sin poder” y empieza a nombrarse como guardiana del bosque. Los árboles se integran en la definición de quiénes son: sin bosque no hay comunidad, no hay futuro.

En muchos relatos, las mujeres aparecen como protagonistas de esta reescritura. No solo porque están en primera línea física de la acción –abrazando árboles–, sino porque reconfiguran su identidad: de cuidadoras invisibles a sujetos políticos que toman la palabra y el cuerpo para frenar la tala.

Los rituales, cantos y símbolos religiosos funcionan como rituales de interacción en el sentido de Randall Collins: momentos cargados de emoción que refuerzan el “nosotros” y recargan energía para seguir luchando. Cada acción de Chipko es a la vez protesta ecológica y afirmación de dignidad colectiva.

Cartel o mural que muestre a una comunidad abrazando árboles con lemas en hindi o en inglés
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Mural, cartel o ilustración simbólica del movimiento: figuras humanas pequeñas alrededor de un gran árbol, con algún lema tipo “Ecology is permanent economy” o equivalente. Buen lugar para mostrar la identidad de “defensores del bosque”.

6 · Difusión

De un valle a la imaginación global

Cómo se ramifican las protestas del Chipko

Una vez arraigado en algunos pueblos, Chipko se difunde a otras aldeas de la región y luego al resto de India como símbolo de ecologismo popular. Esa expansión combina varias vías que menciona Almeida.

Hay difusión directa: activistas y líderes comunitarios viajan de un pueblo a otro, comparten relatos, tácticas y marcos, y ayudan a replicar acciones de abrazar árboles allí donde hay condiciones similares. Redes interorganizacionales –cooperativas, grupos gandhianos, asociaciones campesinas– actúan como canales para que las noticias circulen rápido.

También hay difusión indirecta a través de prensa y, más adelante, de la literatura académica y ambientalista internacional. Chipko se convierte en un caso emblemático que viaja a congresos, libros, ONGs globales y movimientos ecologistas en otros países, a veces idealizado, a veces reinterpretado de forma crítica.

El resultado es una especie de doble vida del movimiento: por un lado, las luchas concretas en aldeas específicas; por otro, la imagen global de Chipko como ejemplo de ecofeminismo gandhiano y de ecologismo de los pobres. Ambas capas se alimentan, pero también generan tensiones sobre quién tiene derecho a contar la historia y con qué acentos.

Mapa estilizado de la región de los Himalayas con flechas que muestran la difusión del movimiento